Viernes, 03 de mayo de 2019

Calendario cristianoResulta cuando menos llamativo que la mayor parte de nuestro planeta cuente el tiempo a partir de la fecha del nacimiento de Jesucristo, un judío realmente especial que dio origen al cristianismo. ¿Cómo es posible que nuestro mundo siga usando un calendario cristiano en una era de laicismo oficial? Sorprende que todavía no se le haya ocurrido a ningún político europeo proponer una nueva forma de contar los años y los siglos, más acorde con el ambiente de esta época. Desde aquellos días de la Revolución Francesa de 1789, en los que pronto naufragó aquel lírico calendario que impusieran los líderes más tiranos, dogmáticos y sanguinarios, nadie ha osado impulsar un nuevo experimento para contar el tiempo.

La justificación más plausible que se me ocurre es la de que en la figura de Jesús se personifica, aún hoy en día, la mayoría de los ideales de la civilización occidental. La libertad, en primer lugar. Una libertad absoluta, que nos da el derecho de decir sí o no a Dios, de ser responsables de nuestro destino. Algo que otras civilizaciones niegan a su gente, obligándola a encajar en la máquina social como una pieza, un metal humano que cumple su tarea. En cambio para Jesús, cada uno de nosotros es soberano de su propia vida.

Además está la cuestión del amor, que se manifiesta en nuestra civilización en el compromiso incuestionable con la solidaridad, lo que ha dado lugar a todos nuestros sistemas de apoyo mutuo tan avanzados. Cada hombre forma parte de la humanidad, que también es responsabilidad suya. La miseria del otro, después de Jesús, constituye un escándalo, algo que se tiene que solucionar. Este resquemor de conciencia que los occidentales sentimos ante las injusticias (por muchos excesos que se cometan o se hayan cometido), ante los humillados y ofendidos, proviene de lo que Jesús dijo, aunque ya no lo sepamos o no lo recordemos. Y es que Jesús de Nazaret nos transformó en viajeros del absoluto. La vida es, para él, una peregrinación, un itinerario en el que hay que buscar el horizonte mayor donde nuestras capacidades encuentren su exacto reflejo. Con el cristianismo, las sociedades occidentales exploraron nuevos mundos, tanto en el campo del conocimiento como en el del desarrollo de su propia hamanidad. Todos estamos obligados a buscar, a mejorar, a progresar: cada uno de nosotros debe cumplir la aventura única de su biografía.

Occidente es en la actualidad una cultura cristiana sin cristianismo, donde se sigue la senda de Jesucristo sin percatarse de ello. El domingo disfrutamos de una libertad, de un derecho al reposo, que también Jesús nos dio al liberar el sábado judío de sus cadenas religiosas. Ese día de respiro totalmente libre es el origen de todas nuestras vacaciones. De forma que el turista de Semana Santa, sin querer saber nada de cosas religiosas, disfruta de un bien cuyo origen es, al fin y al cabo, espiritual. Y así nos pasa con tantos días festivos. Por ello, contar años y siglos a partir de la fecha del nacimiento de ese judío misterioso llamado Jesús de Nazaret, continúa teniendo sentido dado que nos enseñó que la dignidad del ser humano es divina. De ahí nacen también nuestros célebres derechos humanos, no tan importantes para otras culturas.


Publicado por torresgalera @ 21:35  | Pensamiento
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