Jueves, 28 de marzo de 2019

AuroraLa Historia nos enseña que las grandes transformaciones de las personas han tenido lugar, generalmente, tras experiencias muy dolorosas. Experiencias que partían de situaciones intensas, dramáticas, en las que parecía que no había salida alguna. En cambio, es entonces, en esos momentos críticos, cuando una luz nueva emerge iluminando la vida con un esplendor renovado, en su profundidad y en su autenticidad. Así lo expresa el piloto del avión averiado del cuento de El Principito, después de caminar toda la noche por el desierto en busca de un pozo de agua: «caminando así descubrí el pozo, al nacer el día». Había caminado toda la noche con el principito dormido en brazos.

El desierto, la soledad, las noches oscuras, los callejones sin salida, si saben vivirse, son siempre fuente oculta de luz que puede cambiar nuestra vida. También puede llevar al suicidio a los seres desesperados, aquellos que no han sabido asimilar ni integrar esas experiencias duras y difíciles. San Juan de la Cruz nos dejó su testimonio:

En una noche oscura
con ansias de amores inflamada
¡oh dichosa ventura!
salí sin ser notada,
estando ya mi casa sosegada.
……
… sin otra luz y guía
sino la que en el corazón ardía.

Ha ido en busca de su amada, a quien no conoce, es el corazón el que le lleva, pero sabe que alguien le espera, y la encuentra a la media noche, y podrá cantar:

¡Oh, noche que guiaste!
¡Oh noche amable más que la alborada!
¡Oh noche que juntaste
Amado con amada
amada en el Amado transformada!

En la más grande oscuridad, la más grande felicidad. La unión con aquello que buscaba. Y así, caminando, porque hay que caminar. No se puede uno quedar sentado. Así lo hace el piloto del cuento al lanzarse a la locura de buscar de noche un pozo en el desierto. La razón le pide tratar de reparar la avería del avión, al menos intentarlo mientras dure el agua que les queda. La razón muchas veces es paralizante. Sin embargo, el sueño, la fantasía del principito, es lo que le convenció para ponerse en camino, camino arriesgado, ciertamente, pero que termina con éxito: encuentra el pozo al nacer el día.

Al fin y al cabo, el amor, como dice el Cantar de los Cantares, «es más fuerte que la muerte». Idea esta vigente en nuestros días y tan bellamente expresada por el filósofo Gabriel Marcel: «amar a alguien es decirle: tú no morirás jamás» (se entiende, en la memoria y en el corazón).


Publicado por torresgalera @ 19:40  | Pensamiento
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