Jueves, 14 de marzo de 2019

Amar es conocerLa amistad y el amor son un gran tesoro. Dice el Libro del Eclesiástico, de la Biblia, «Un amigo fiel es una protección segura; el que lo encuentra ha encontrado un tesoro». Pero como a todas las cosas grandes, también al amor y a la amistad les acecha un enemigo mortal, que es la rutina. La rutina y la costumbre estropean todas las relaciones. Decía San Agustín que «las cosas más hermosas, cuando se hacen costumbre, se envilecen, se hacen vulgares». ¡Qué curioso, ya nadie se levanta para ver la salida del sol!

Así, puede suceder que aquel primer amor se convierta en tedio, y que el interés por el amado, que hacía que se olvidase el propio interés, se convierta con el tiempo en amor a uno mismo, relegándose al otro. Es como aquella pareja de novios que sale de paseo. Como amenaza lluvia el novio toma el paraguas. Efectivamente, en medio del paseo comienza a llover, y dice el novio: «Voy a abrir el paraguas, que te mojas». La relación cuaja y se casan. Ha pasado la primera etapa de casados, salen, y cuando llueve, dice el marido: «Voy a abrir el paraguas, que nos mojamos». Pasan varios años más y de nuevo el mismo paseo, la misma lluvia, y el marido abre el paraguas y dice: «Voy a abrir el paraguas, que me mojo».

Parece que el amor se desgasta, aunque esa no sea su naturaleza. Santa Teresa de Jesús decía muy bellamente: «El amor es como una fuentecilla que yo he visto manar, que el agua no cesa de hacer fuerza hacia arriba». Es decir, el amor, por su naturaleza, es una fuerza ascensional que nunca dice hasta aquí, sino que siempre dice, más allá.

¿Cómo lograr que la rutina y la costumbre no envilezcan, no haga vulgar y vacio el amor y la amistad? En el cuento de El Principito el zorro le dice al niño: «El amor tiene que ser un rito, un ceremonial». A lo que el principito responde: «¿Qué es un rito?» El raposo contesta: «Es también algo demasiado olvidado. Es lo que hace que un día sea diferente de los otros días, una hora de las otras horas». Y es que el amor es esencialmente creativo. Cuando no es creativo deja de ser amor. Por eso sabe inventar detalles, gestos, que mantengan la llama de la relación o remuevan el rescoldo para que el fuego no se apague. Es algo muy difícil, pero necesario, porque si no la relación muere.

El evangelista San Juan, en su Primera Carta, afirma que «Amar es conocer», y si no se ama no se conoce. El símbolo del amor es el conocer. Cuando el conocer no lleva consigo el amor, es una pura distracción de la mente, pura teoría: «Queridos míos, amémonos los unos a los otros, porque el amor procede de Dios, y el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. El que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor». (1 Juan, 6: 7-8). Esta es la clave, el amor tiene un origen divino.


Publicado por torresgalera @ 7:00  | Pensamiento
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