Jueves, 28 de febrero de 2019

El principito y el zorroLa experiencia del amor o la amistad sin duda transforma a los seres humanos. Cuando el amor o la amistad llenan un corazón, hasta las cosas más monótonas, por repetidas que sean, adquieren una dimensión diferente, única y extraordinaria. Por el contrario, si ese amor o amistad no han existido, o dejan de existir, la vida se vuelve monótona, triste..., sin sustancia. Sólo en el caso de un misántropo, de una persona insociable, que detesta la compañía de los hombres y se refugia en una egoísta y masoquista soledad, rechazará a quien le ofrezca amor o amistad; le despreciará como si fuera un enemigo que quiere quitarle su más preciado tesoro, que es vivir solo. Pero fuera de eso, todos nos sentimos necesitados de amor y amistad, porque hemos nacido para amar y ser amados.

Una ilustración original y entrañable del deseo de amistad nos lo presenta Antoine de Saint-Exuspéry en su célebre cuento El Principito. En él narra de manera sencilla, al alcance de lectores de cualquier edad, el encuentro que tiene lugar entre el principito y un zorro que le sale al paso poco después de llegar a la tierra. Después de saludarle, el niño le pide al raposo que juegue con él porque está muy triste. El zorro le contesta que no puede jugar con él porque no está domesticado. Ante tal respuesta el niño le pregunta qué significa ser domesticado, a lo que el animalito le responde que domesticar significa «crear lazos».

El diálogo que se sucede es una preciosidad: «Bien lo quisiera, respondió el principito, pero no tengo mucho tiempo. Tengo que encontrar amigos y conocer muchas cosas». A lo que el zorro le vino a decir que solo se conocen las cosas que se domestican. «Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada, compran cosas ya hechas a los mercaderes, pero como no existen mercaderes de amigos, los hombres no tienen amigos. Si quieres un amigo, ¡domestícame!»

En definitiva lo que el zorro le viene a decir al principito es que todos los hombres son iguales, lo mismo que son iguales todos los zorros y todas las rosas, pero si alguien crea lazos con una persona concreta, entonces ésta se erige en única, singular…, especial, diferente de todas las demás. Por eso crear lazos con alguien es hacerse amigos, convirtiéndose esa persona en un ser necesario e imprescindible. Esa es la auténtica amistad.

Toda experiencia de amistad se puede identificar con el amor. Así el zorro añade algo muy importante. Le dice al principito que domesticar (hacer de alguien un amigo) es un proceso que requiere tiempo, a veces largo. No se puede pretender coger el fruto antes de la maduración. No se puede comprar la amistad de una persona. La amistad, como el amor, no puede ser algo repentino, aunque repentino puede ser el inicio de ese proceso. Se requiere un tiempo pausado, tranquilo, en el que las personas vayan acostumbrándose y haciéndose a la presencia de la otra, acortando distancias, superando prejuicios y limando actitudes egoístas o asperezas que corrompen la relación de amistad. Para esto se necesita tiempo. No se puede comprar el corazón.


Publicado por torresgalera @ 7:00  | Pensamiento
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