Jueves, 31 de enero de 2019

EmmanuelNunca como ahora, a lo largo de la historia, los seres humanos han llevado una existencia tan equívoca y deshumanizada. La espiritualidad se aleja cada vez más de nuestras vidas. La globalización petrifica al hombre en un universo de materialismo consumista. Esta nueva realidad uniforma y homogeniza a los habitantes del planeta, a la vez que los convierte en mediocres autómatas. Cada día avanza un poco más la pérdida del auténtico y verdadero sentido humano de la existencia. Todo gira en torno a la necesidad perentoria de satisfacer necesidades virtuales que, supuestamente, permitirán al ser humano alcanzar la felicidad. La quimérica sociedad del bienestar se diluye en el sumidero de la alineación. La riqueza y el poder son espejismos en los hpmbre lleva estrellándose milenios. Por eso la envidia, los celos, el resentimiento, no cesan de generar violencia e injusticia. Y en esas estamos.

Pero más allá de las voces que pregonan un mundo feliz a la medida de nuestras fuerzas, existe la verdad que libera, consuela y conforta. La única verdad. Una verdad cuya semilla anida en nuestro corazón y que solo hay que buscarla dentro de nuestro yo profundo. Es una verdad germinal, depositada en nuestro ser desde el origen de los tiempos por Aquel que es el alfa y el omega, el principio y el fin, el único que conoce y posee las claves y la esencia del misterio de la vida y su razón de ser. Es el “Yo soy”, el “Yo soy el que Soy”, el Emmanuel (“Dios con nosotros”).


Publicado por torresgalera @ 7:00  | Pensamiento
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