Jueves, 17 de enero de 2019

El ojo del corazónLos ojos son faros luminosos que nos ponen en contacto directo con el mundo y las personas. Sin embargo, no siempre sabemos mirar en profundidad. Nos conformamos con ver, sin mirar y, mucho menos, admirar. El barrido de nuestros ojos es anodino e insustancial, como nube pasajera que se traslada sin brindar sombra ni humectar la tierra. Es una mirada infructuosa, desértica, vacía y estéril.

Es muy conocida la frase del zorro en El principito acerca de que lo esencial es invisible a los ojos, pues sólo se puede ver bien con los ojos del corazón. «Mirar desde el corazón transforma el gesto de mirar en una experiencia de presencia. Supone una acción revolucionaria porque cuando miro desde el corazón aquello que veo se transforma», concluye el zorro.

Por eso, quien mira con el corazón toca con su alma aquello que contempla y, permite a la vez, ser tocado y afectado por aquello que ha visto. Solo desde los ojos del corazón sentiremos el “alma del mundo”: los peces y arroyos de nuestra vida dejarán de ser solo “paisaje”, meros telones de fondo o parte de un decorado en el que no nos sentimos partícipes. Todo se mostrará con un rostro nuevo, es decir, siendo rastro de algo más profundo y sutil y que solo podrá ser visto por quien presta sus ojos al corazón.

Mirar con el corazón es reconocer la importancia de lo mirado; es sentir su presencia e influencia; es dejarse conmover y transformar por el colorido universo que proyecta la película de los ojos. En este sentido, la mirada del corazón es hoy una necesidad epistemológica y una urgencia política. Una mirada comprometida, salvífica, redentora y cargada de belleza.

En la mística musulmana sufí se habla mucho de «conocer con el ojo del corazón». Solamente así se conoce la realidad del mundo. Jesús de Nazaret decía en las Bienaventuranzas: «dichosos los limpios de corazón porque ellos verán a Dios». Por tanto, el conocimiento del ver, el conocimiento sensitivo está unido al corazón. Los grandes fundadores de religiones o movimientos espirituales siempre han ido al corazón más que a la mente. Así, cuando Jesús dice que «todo sale del corazón, lo bueno y lo malo» (Lucas 6:45) se refiere a que si el corazón está sano todo el hombre estará sano, pero si el corazón está enfermo, al hombre le saldrá todo lo malo.

Desde Platón hasta nuestros días, pasando por Plotino, Ficcino y los psicólogos arquetipales, se reivindica una visión poética de la realidad. Ya decía el poeta británico W. Blake, que donde unos ven al astro sol, él veía ángeles celestiales descendiendo a la tierra. Esta visión poética de la realidad consiste en ver más allá de lo material, para poder llegar a contemplar lo más interno e inmaterial, que es el espíritu que anima la vida. Muchos artistas tienen esa doble visión y son capaces de trascender lo material, para ver con los auténticos ojos del corazón. Poetas como Whitman, Blake, Rilke o narradores como Hesse lo poseían.


Publicado por torresgalera @ 7:00  | Pensamiento
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