Martes, 22 de mayo de 2018

(Apunte 20)

Divinización de JesúsLa divinización de Jesús fue un proceso posterior a Jesús. Por ello podría argüirse que dicha divinización no es más que una leyenda fraguada por algunos con alguna intención determinada y que, casualmente, ha prosperado a lo largo de dos mil años. Para acreditar este supuesto –según los expertos– el espacio de tiempo que debería haber transcurrido para instalar una leyenda no debe ser menor a dos generaciones (80-90 años). Esto se debe fundamentalmente a dos razones. La primera, es que en esas dos generaciones hay testigos vivos que desmentirían la invención, impidiendo que la fábula se instalase en la memoria colectiva. Y la otra razón, igual de importante, es que de tratarse de una leyenda, quedarían rastros de la controversia entre los fabuladores y los muchos coetáneos que no vieron lo que aquéllos pretendieron hacer creer.

Además, está el asunto de los destinatarios de la leyenda, para lo cual sería suficiente con que algún experto argumentara las deficiencias de aquellos que tienen por verdadera la leyenda, y demostrara que los hechos son falsos, o que el contexto histórico resulta incompatible con el hecho que se pretende implantar, o que las intenciones del redactor son difamatorias o ajenas a la verdad.

Por todo ello, si aplicamos estas condiciones a los Evangelios enseguida comprobamos que la primera condición y de mayor peso, la del tiempo transcurrido entre la redacción de los evangelios y los hechos narrados, no se cumple, puesto que el margen de tiempo es menor a las dos generaciones requeridas (con algunos fragmentos y escritos datados dentro de los diez años posteriores al hecho).

Otra consideración a tener en cuenta es la de que ninguno de los cuatro evangelios pretende ser una biografía histórica de Jesús en sentido moderno. Ninguno da detalles meticulosos sobre la vida de Jesús, pero sí son escritos con pretensión de verdad histórica: no son biografía, pero sí historia.

En cuanto a las epístolas de San Pablo, permiten apreciar que el Nuevo Testamento recoge tradiciones anteriores a su redacción, propias no sólo de la comunidad cristiana primitiva, sino también de algunas que tienen su origen en las mismas palabras y acciones de Jesús de Nazaret. Las cartas de Pablo y sus fuentes hablan de un Jesús que es Cristo y Señor: con estos dos títulos, y cuando apenas han pasado entre diez y veinte años desde la muerte de Jesús, se reconoce a las claras en Él al Mesías y, además, su condición divina.

Un hecho histórico demostrado es que las primeras comunidades cristianas exigían veracidad: no eran aquellas gentes crédulas, fáciles de embaucar. Entre los primeros cristianos también se discutía sobre la autenticidad de los relatos que circulaban por doquier: no aceptaban todos los libros, por muy solemnes que fueran sus títulos, y rechazaban la mayoría de los que se hacían llamar evangelios y obras de los apóstoles porque no respetaban la historia. Finalmente, aquellos cristianos de la Iglesia primitiva dieron por auténticos sólo cuatro evangelios de entre casi cincuenta que se les presentaron desde finales del primer siglo hasta el tercero.

Con lo dicho hasta aquí podemos colegir dos cosas: que el Nuevo Testamento destaca por su sobriedad y tiene una marcada intencionalidad histórica, en el sentido de que pretende narrar un hecho que ha sucedido históricamente, frente a los evangelios apócrifos, cuya intencionalidad es más bien simbólica o ideológica. Y que las comunidades cristianas primitivas no eran en absoluto crédulas, al contrario, por los textos aceptados sabemos que eran bastante exigentes con los textos que circulaban entre ellas.

Otra teoría a tener en cuenta sobre la divinización de Jesús es la helenización del cristianismo. Esta teoría tiene su base en la asimilación de la cultura griega por parte de la población judía de la época, asimilación que afectó los usos y costumbres del pueblo judío, por lo que San Pablo y las comunidades primitivas habrían estado influenciadas por ideas helenistas. Pero si recordamos la historia de Israel, vemos que la Guerra de los Macabeos fue un alzamiento del pueblo judío provocado por el celo de una piedad que se sentía amenazada ante la intrusión de ideas religiosas extrañas (del helenismo de los reyes Seléucidas).

Por tanto, ¿quién divinizó a Jesús de Nazaret? Esta pregunta lleva implícita, en cierta manera, esta otra: ¿quién inventó el cristianismo? Parece que lo más sensato es decir, Jesús: Jesús es el “inventor” del cristianismo. Fueron sus discípulos y seguidores los que creyeron en su divinidad porque el mismo Jesús así lo afirmó. Esto lo iremos comprobando en los siguientes apuntes.


Publicado por torresgalera @ 7:00  | Pensamiento
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios