Martes, 08 de mayo de 2018

(Apunte 18)

Jesús y el TalmudExisten otros importantes testimonios judíos que son referencia obligada para los investigadores modernos. Corresponden a una época coetánea e inmediatamente posterior a Jesús de Nazaret. En primer lugar, hablaré del Talmud, libro sagrado que recoge las antiguas tradiciones rabínicas del siglo II a.C. al siglo II d.C., y los comentarios rabínicos posteriores hasta el siglo VI. Por tanto, entre otras muchas cosas, recoge tradiciones rabínicas del tiempo de Jesús.

En el Talmud se habla de Jesús en una docena de pasajes. Se le llama Yeshú o se le designa despectivamente como Ben Pandira o Ben Pantera, sugiriendo que es hijo ilegítimo de un soldado romano que violó a María. Así, el Talmud de Babilonia (Sanedrín 43ª) confirma la crucifixión de Jesús en la tarde de Pascua, después de haber sido acusado de practicar la brujería y fomentar la apostasía judía.

Otro testimonio significativo –éste de carácter meramente histórico– lo encontramos de la mano del historiador judío Flavio Josefo (José ben Matityahu), autor de La guerra judía y Antigüedades de los judíos, escritas en Roma en los años 90 d.C. Ambas obras aportan datos esenciales para conocer el contexto político, social y cultural de Palestina en tiempos de Jesús. Josefo detentó el mando militar supremo de las fuerzas judías de Galilea en la guerra contra Roma (66-67 d.C.). Menciona a Jesús en dos ocasiones: al hablar de la lapidación del apóstol Santiago en Jerusalén el año 62, del que dice que es «hermano de Jesús, llamado Cristo»; y cuando describe a Jesús: «En aquel tiempo apareció Jesús, un hombre sabio. Fue autor de hechos asombrosos, maestro de gente que recibe con gusto la verdad. Y atrajo a muchos judíos y a muchos de origen griego. Y, cuando Pilato, a causa de una acusación hecha por los hombres principales de entre nosotros, lo condenó a la cruz, los que antes lo habían amado no dejaron de hacerlo. Y hasta este mismo día la tribu de los cristianos, llamados así a causa de él, no ha desaparecido» (Antigüedades de los judíos 18:3,3).

Pensemos que todos estos testimonios históricos y literarios están datados apenas unas pocas décadas después de la muerte de Jesús de Nazaret. Esto contrasta con los vestigios más antiguos referidos a figuras tan relevantes de la espiritualidad oriental como Buda y Confucio, por citar sólo dos ejemplos. En el caso del primero, muerto hacia el año 480 a.C., sólo existen escritos legendarios redactados por lo menos quinientos años después de su muerte. En cuanto al segundo, contemporáneo de Buda, apenas quedan dos fuentes de escasa credibilidad, que distan cuatrocientos y setecientos años del tiempo en que vivió el “maestro” chino.

A todo lo anteriormente señalado habría que añadir otros muchos documentos, como los llamados «evangelios apócrifos», que, si bien no están considerados por la Iglesia como ciertos a cien por cien, sí contienen partes verdaderas mezcladas con otras que no lo son. Pero desde luego todos estos libros no canónicos giran en torno a la figura de Jesús de Nazaret. De todos ellos el Evangelio de Tomás es considerado por los especialistas como el escrito de mayor interés. El texto no contiene material narrativo alguno. Trata simplemente de una recopilación de ciento catorce dichos (logia) de Jesús: palabras sapienciales o proféticas, parábolas o diálogos breves.

Por último, citaré los llamados «manuscritos de Qumrán», textos no bíblicos hallados en 1947 en las cuevas de los alrededores de Qumrán (al norte del mar Muerto). En una de ellas se encontraron siete rollos manuscritos de importancia excepcional. Sobresalen tres escritos que arrojan mucha luz sobre la riqueza y diversidad del mundo judío en tiempos de Jesús, a la vez que aportan también mucha luz sobre las primeras comunidades cristianas: imágenes utilizadas, idea de la «nueva alianza», así como del uso del vino en banquetes sagrados.

En fin, son abundantísimos los testimonios –tanto literarios como arqueológicos de toda clase, desde lápidas funerarias, enterramientos, pinturas, ajuares religiosos y variedad de objetos– que rubrican de forma contundente la existencia de Jesús de Nazaret y el movimiento religioso que generó a partir del momento mismo de desaparecer de la tierra, y que se ha mantenido vivo y creciente hasta nuestros días.


Publicado por torresgalera @ 7:00  | Pensamiento
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