Martes, 17 de abril de 2018

(Apunte 15)

CreerVisto lo visto hasta ahora, en la búsqueda del sentido del hombre –si somos sinceros con nosotros mismos– sólo nos quedan dos alternativas plausibles sobre la existencia de Dios: o creemos en su existencia o la negamos con rotundidad. En cuanto a esta segunda  opción, denominada ateísta –la que hoy nos interesa analizar–, los argumentos que utiliza los dividiré en cinco bloques.

El primer argumento sostiene que Dios no existe porque no lo vemos. Este argumento se apoya en la falta de experiencia sensible, lo cual le lleva a encubrir una filosofía materialista que niega la existencia de «cualquier» realidad espiritual. Esta vía materialista tiene un buen número de derivadas.

El segundo argumento sostiene que Dios no existe porque es una idea superada. Según Comte, fundador del positivismo, de la misma manera que un hombre atraviesa la vida por tres edades (infancia, adolescencia y madurez), así también los pueblos y la humanidad misma atraviesan la historia: hemos pasado de la infancia (estado teológico), la adolescencia (estado metafísico) y ahora estamos en la madurez (estado científico o positivo).

El tercer argumento considera que Dios es sólo una idea proyectada por la mente humana. El hombre posee intrínsecamente valores tales como el bien, la justicia, la paz, la felicidad, el amor… Pero de la contradicción entre el deseo de vivir dichos valores y la limitación del mundo real surge una vía de escape por sublimación: el hombre proyecta esos valores humanos a una dimensión supratemporal y supraespacial y los «personifica» en un ser distinto de sí, al que llama Dios.

El cuarto argumento niega la existencia de Dios aduciendo que todo se explica por otras causas, como el azar. Argumento de larga trayectoria en la historia del pensamiento desde Demócrito. Actualizado en el siglo XX por Jaques Monod, que lo adaptó a un lenguaje más científico. En nuestros días lo defiende Richard Dawkins, propulsor de la campaña de autobuses ateos en Inglaterra. Para rebatir que la existencia de Dios es la causa última de todo cuanto existe, arguye que todo es explicable por su causa inmediata; o bien que la totalidad del mundo se explica recurriendo a la idea de Naturaleza; o que la totalidad del mundo puede explicarse por el azar.

Por último, el quinto gran argumento que afirma que Dios no existe es la existencia del mal. Se trata de un argumento formulado ya en la antigüedad por Epicuro, y que viene a decir: «o Dios no quiere evitar el mal –y entonces no es infinitamente bueno– o no puede hacerlo –y entonces no es todopoderoso– y, en consecuencia, en ninguna de las dos alternativas es realmente Dios, pues Dios ha de ser al mismo tiempo infinitamente bueno y todopoderoso».

Hay que señalar que el problema del mal ha existido siempre para el hombre, presentándose como un gran escándalo religioso. Algunas religiones han intentando dar respuesta a este problema, problema que se amplifica enormemente en el cristianismo, en el que se admite un solo Dios, que es Todopoderoso, infinitamente bueno e infinitamente sabio. Ahora bien, también la filosofía –sobre todo cuando hace teología natural– se plantea este problema. En todo caso el problema del mal, lejos de estar resuelto, tampoco tiene la última palabra… En realidad no estamos ante un problema, sino ante un misterio. Podremos reflexionar mucho sobre ello, pero no alcanzaremos una explicación definitiva, al menos en esta vida.

Para terminar, sobre la primera opción, la opción de creer, conocida como teísta, diré que los argumentos que utiliza la razón –la tradición clásica ha optado por llamarlos «vías»– no intentan demostrar la existencia de Dios, sino la necesaria razonabilidad de su existencia. Ciertamente, es más ajustado hablar de «vías» por el sentido que tienen en cuanto «camino», es decir, en cuanto que no tratan de meros enunciados lógicos, sino de una búsqueda que compete a toda la persona, a su inteligencia y su corazón.


Publicado por torresgalera @ 7:00  | Pensamiento
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