Martes, 03 de abril de 2018

(Apunte 13)

Más allá del límiteTambién la fe tiene sus límites si no quiere errar por exceso o por defecto. Precisamente porque la fe nos acerca a los misterios de la vida (Misterio con mayúscula), resultaría un exceso afirmar que la fe esclarece y comprende toda la gama de problemas que surgen en torno a la cuestión del sentido de la vida. La fe no es la claridad del mediodía, sino sólo un candil que nos ayuda a atravesar la noche.

El primer límite es lo inabarcable que resulta la comprensión de Dios. Precisamente es la conciencia que tenemos del Misterio lo que ha definido la aproximación de la teología respecto de aquello que estudia; Dios es siempre más de lo que podemos entender de Él y sería absurdo tratar de encuadrarlo en nuestras estrechas medidas, que ni siquiera bastan para comprendernos a nosotros mismos. Por eso la teología se expresa en un lenguaje siempre análogo y matizado. Lo que se afirma de Dios –vía positiva– se niega según la comprensión habitual que tenemos de aquello que afirmamos –vía negativa–, para luego afirmarlo en sentido aumentativo, elevándolo a su potencia infinita. «Dios es bueno».

Tampoco podemos olvidar que Dios no es un «objeto de estudio», sino un Misterio que me interpela vitalmente. Esto exige un «método de conocimiento» muy distinto al de las ciencias naturales: a Dios se lo conoce como se conoce a las personas, y tal cosa pasa no sólo por la inteligencia, sino también por el corazón. De ahí la necesidad de confianza que debe llevar implícita la búsqueda del sentido cuando camina de la mano de la fe.

Es por ello que se hacen necesarias algunas condiciones para hallar una respuesta a la cuestión del sentido de la vida. La propuesta del racionalismo y el fideísmo tienen en común que ambas implican una renuncia: la primera renuncia a comprender aquello que no puede dominar, la segunda renuncia a la razón, y en ese sentido, nos ciega.

Por su parte, la dinámica de la fe, expuesta anteriormente, nos permite evitar tanto el racionalismo como el fideísmo. No prescinde de los grandes temas en torno al sentido de la vida, ni renuncia a la razón en su afán de comprender. Los indicios que acompañan la confianza de la fe deben ser indicios razonables si queremos una fe que se complemente con la razón. Una fe que no contradiga a la razón, sino que se apoye en ella, es la fe que tendremos en cuenta a la hora de atender a la propuesta cristiana. Para ello debemos tener en cuenta los tres aspectos de una fe religiosa: en primer lugar, su «carácter subjetivo», ya que las respuestas no son indiferentes a la propia vida, por lo que la búsqueda que incorpora la fe debe hacerse desde toda la persona. El segundo aspecto es poseer un «anclaje objetivo», puesto que la vivencia religiosa debe tener un referente objetivo, de forma que no pueda ser reducida a mero sentimiento subjetivo. Y por último, la fe debe estar «polarizada por el Misterio», ya que la existencia religiosa está polarizada toda ella por el Misterio; no se trata de poner en práctica un método o técnica que me acerque al Misterio, sino comprender que me hallo ante una relación con algo que me supera.


Publicado por torresgalera @ 7:00  | Pensamiento
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