Martes, 06 de marzo de 2018

(Apunte 9)

El hecho religiosoHasta ahora he tratado de mostrar cómo a la pregunta por el sentido de la vida le acompaña indefectiblemente el deseo de alcanzar una respuesta. El ser humano desde siempre ha demostrado una necesidad instintiva de mirar hacia arriba, hacia más allá de sí mismo y de su realidad inmediata. Pues bien, a ese estar abierto del hombre es lo que denominamos estructura religiosa; un modo de estar configurado que le permite vivir una dimensión religiosa, con una conciencia religiosa y practicar una religión.

Mircea Eliade, reputado estudioso del fenómeno religioso, expresa así la conciencia religiosa: «En los niveles más arcaicos de la cultura el vivir del ser humano es ya de por sí un acto religioso, pues tomar el alimento, ejercer la sexualidad y trabajar son actos que poseen un valor sacramental. Dicho de otro modo: ser –o más bien hacerse– hombre significa ser religioso».

Sentado ya el axioma de que ser humano es sinónimo de ser religioso, queda por aclarar qué es la religión: ¿acaso se trata de una ficción para responder a esta necesidad de sentido?, ¿o se trata de un mero producto cultural? Esto es al menos lo que vienen afirmando diferentes pensadores desde mediados del siglo XIX hasta nuestros días: «Cuando fracasa la magia aparece la religión» (Sir James Frazer); «No es sino una enfermedad del lenguaje» (Max Müller); «El origen de la religión está en el animismo» (Edward B. Tylor); «La religión es la adoración de la sociedad hipostasiada» (Emile Durkheim).

Estas conclusiones en realidad responden a simples prejuicios, es decir, a unos intentos de explicar el origen del fenómeno religioso. Dichos prejuicios defienden que la religión es un producto cultural, cuyo esquema positivista considera la religión como un estado mitológico, ya superado, donde prima la explicación supersticiosa; o bien, un estado metafísico, donde prima la explicación filosófica; o, más modernamente, reduce la religión a un estado científico, donde prima la explicación científica.

Como se puede ver, se trata de unos prejuicios obsesionados en demostrar un «origen» del fenómeno religioso, desvinculándolo de su contexto hermenéutico.

Frente a este modo de acercarse al hecho religioso surge una reacción metodológica. Así lo explica el profesor J.M. Velasco en su Introducción a la Fenomenología de la religión: «El hecho religioso posee una verdad propia, una forma específica de racionalidad, una capacidad propia de iluminación de la realidad que la comprensión descubre y que, una vez descubierta, se muestra raíz y fuente de comprensión para la razón humana en otros niveles».

La reacción de la fenomenología de la religión consiste en proponer un acercamiento al hecho religioso sin esquemas previos, sin prejuicios: no intenta reducir el hecho religioso a otro fenómeno, explicarlo por otra cosa que él mismo. Trata de hacer hablar al fenómeno, describirlo en términos de su propia realidad.


Publicado por torresgalera @ 7:00  | Pensamiento
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