Martes, 27 de febrero de 2018

(Apunte 8)

El Sentido se revela al hombreEn el anterior Apunte expuse el punto más delicado de la existencia humana: el que media entre la mente y la conciencia. La primera debe ser siempre servidumbre de la segunda. Cuando rivaliza la primera con la segunda y se impone, es cuando la realidad objetivizada aplasta el anhelo espiritual, toda vez que estimula expectativas sensoriales y materiales que concluyen en ideales de felicidad.

Por todo ello, ante la pregunta de si la vida tiene o no Sentido, la única salida airosa de esta encrucijada es apelar a la conciencia. A los que responden que la vida no tiene sentido les quedan dos opciones: el suicidio (físico o intelectual) o resignarse a una existencia nihilista (vacía de principios morales, religiosos, políticos o sociales). Señalé anteiormente (Apunte 6) las otras dos grandes opciones: los que eluden o ahogan la pregunta sobre el Sentido de la vida y los que la neutralizan instalándose en ideologías o creencias de cualquier tipo.

Como se puede comprobar, este es un dilema que persigue al ser humano desde prácticamente sus orígenes. Ya en la Grecia clásica Platón abordó la pregunta del Sentido en uno de sus “Diálogos” (Fáidon o Sobre el Alma): «… A mí me parece, pues, Sócrates, acerca de tales asuntos, lo mismo que a ti, que su conocimiento seguro en la vida actual, o es imposible o algo sumamente dificultoso, pero no someter a examen lo que se dice acerca de ellos por todos los medios posibles, y desistir antes de haberse agotado uno examinándolo bajo todos los puntos de vista, es propio de hombre muy cobarde; pues lo que es menester conseguir respecto a estos asuntos es una de estas dos cosas, o aprender cómo es o descubrirlo, o si ello es imposible, asumiendo al menos la mejor y más irrefutable de las explicaciones humanas, embarcándose en ella como en una balsa, afrontar los peligros de realizar la travesía de la vida, a menos que uno pueda hacer la travesía, de un modo más seguro y con menor riesgo, con un navío más firme o con una revelación divina».

Vemos como Platón asume que a la dignidad del hombre no le quedan más que dos verdaderas opciones: buscar abiertamente el Sentido de la vida o aceptar que el Sentido salga en busca del hombre. Por eso el filósofo intuye el “Sentido” como un modo de relación del orden superior con los hombres. Ya no se trata de que el hombre busque el Sentido, sino que el Sentido sale en busca del hombre. Y esto es precisamente lo que la tradición judeocristiana afirma: Dios se ha revelado al hombre, le ha salido al encuentro.

A partir de este momento intentaré bucear en el significado de esta idea. Trataré de sondear la credibilidad de esta pretensión, siguiendo el hilo del acontecimiento cristiano sin perder de vista que el Sentido que buscamos debe ser un sentido que dé razón de nuestra existencia; un sentido que supere realmente las limitaciones de todas aquellas alternativas que hasta hoy he ido señalando. En definitiva, trataré de exponer, aunque sea de forma somera, un Sentido de la vida que entrañe una verdad salvadora.


Publicado por torresgalera @ 7:00  | Pensamiento
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