Martes, 30 de enero de 2018

(Apunte 4)

Preguntas comprometidasContinúo con esta reflexión sobre lo que llamamos preguntas inútiles, o también preguntas abiertas, preguntas comprometidas. Para ayudar a mostrar qué significa que sean preguntas abiertas, veamos dos ejemplos:

«… Nadie regresó de allá / para explicarnos cómo fue su partida, / para explicarnos cuál fue su destino, / para dar contento a nuestro corazón / hasta el momento en que hayamos de partir / hacia el lugar al que ellos marcharon» (Cántico del Arpista, siglo XXVI a.C.).

«Aquí, en la tierra, nuestros corazones dicen: “¡Amigos míos, si fuésemos inmortales! Amigos, ¿dónde está el país en que no se muere? ¿Podré ir allá? ¿Vive allí mi madre? ¿Vive allí mi padre?”. En el País del Misterio… tiembla mi corazón» (Poema Náhuatl, siglo XV d.C.).

Se trata de un antiguo cántico egipcio y de un poema previo a la conquista española de México. La distancia temporal y cultural no puede ser mayor y, sin embargo, sus palabras, preocupaciones y anhelos no pueden ser más actuales. «Nadie regresó de allá», dice el Arpista, y por lo tanto, la muerte está velada y nuestra inquietud justificada. ¿Y los seres queridos?, se pregunta el poeta náhuatl. ¿Qué sentido tiene el amor si no es para siempre?

Pero no sólo la muerte, el sufrimiento o la irracionalidad del mal nos ponen ante preguntas como éstas. Sin duda uno de los más bellos pasajes de la filosofía se lo debemos a Kant; al final de su Crítica a la Razón Práctica, leemos: «Dos cosas llenan el ánimo de admiración y respeto, siempre nuevos y crecientes, cuanto con más frecuencia y aplicación se ocupa de ellos la reflexión: el cielo estrellado sobre mí y la ley moral en mí».

También el anhelo por el Bien, y la apreciación de la Belleza o la búsqueda de la Verdad nos transportan al horizonte del sentido, del sentido de la realidad, del mundo, de mi propia existencia.


Publicado por torresgalera @ 7:00  | Pensamiento
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